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Nutrigenética en medicina preventiva: la verdadera dieta personalizada

El concepto de “dieta personalizada” se ha vinculado tradicionalmente a cuestionarios, preferencias alimentarias o ajustes calóricos según la clínica, la composición corporal o el nivel de actividad física. Sin embargo, en el marco actual de la medicina preventiva, personalizar implica ir más allá: exige comprender la biología individual que condiciona la respuesta metabólica a la alimentación.

En este contexto, la nutrigenética se integra como una herramienta fundamental dentro de la nutrición de precisión. La información genética permite estratificar predisposiciones biológicas y priorizar intervenciones antes de que se manifiesten alteraciones clínicas, transformando la prevención en una estrategia medible y precisa.

La nutrición ha sido siempre una herramienta preventiva. Sin embargo, la información genética permite ir un paso más allá. Pues, no todos los pacientes comparten el mismo grado de vulnerabilidad. La nutrigenética ayuda a identificar qué vías metabólicas concentran mayor susceptibilidad y, en consecuencia, a ajustar la intensidad de la intervención y del seguimiento.

No es equivalente abordar una hipertensión en un perfil genéticamente protector que en otro con mayor carga aterogénica y variantes asociadas a menor eficiencia en el metabolismo del folato, como determinados polimorfismos de MTHFR, con tendencia a hiperhomocisteinemia. En este último caso, además del control del peso y del patrón dietético, adquiere relevancia una vigilancia más estrecha del perfil lipídico y del estado de homocisteína y folato.

La diferencia está en la susceptibilidad biológica subyacente. Es ahí donde la prevención se convierte en precisión.

Si la información genética permite pasar de una prevención general a una estratificación individual,  ¿sobre qué dominios metabólicos conviene poner el foco?

En la práctica clínica, la integración de nutrigenética y medicina preventiva puede organizarse en cuatro ejes interrelacionados que modulan el riesgo a largo plazo.

1. Metabolismo lipídico y riesgo cardiovascular.
Gran parte del riesgo cardiometabólico silencioso se construye en este dominio. La variabilidad genética influye en el procesamiento de lipoproteínas, en la respuesta cualitativa a distintos tipos de grasa y en la susceptibilidad a perfiles aterogénicos. Estratificar esta predisposición permite ajustar la intensidad de la intervención y del seguimiento.

2. Perfil glucémico y resistencia a la insulina.
La regulación de la glucosa es otro eje central en prevención. La respuesta individual a los carbohidratos y la tendencia a disfunción insulínica no es homogénea. Conocer esta susceptibilidad permite definir con mayor precisión la calidad, el timing y la cantidad de los carbohidratos, así como decidir cuándo intensificar la monitorización metabólica, especialmente en contextos de sobrepeso, menopausia o antecedentes familiares de diabetes tipo 2.

3. Tracto digestivo e intolerancias.
La clínica digestiva condiciona adherencia, bienestar y eficacia de cualquier intervención nutricional. Integrar predisposiciones relacionadas con intolerancias o celiaquía aporta un marco estructurado para contrastar con la historia clínica y decidir, con mayor criterio, cuándo solicitar pruebas complementarias. Esto evita enfoques basados en la exclusión empírica o en el ensayo-error prolongado, frecuente en pacientes con sintomatología digestiva inespecífica.

4. Metabolismo del folato y metilación.
Este eje cobra especial relevancia cuando se integra en el contexto cardiovascular e inflamatorio. Determinadas variantes, como las asociadas a menor eficiencia en el metabolismo del folato (por ejemplo, en el gen MTHFR), pueden vincularse a mayor tendencia a hiperhomocisteinemia. En un paciente con riesgo cardiovascular elevado, este dominio añade una capa adicional de vulnerabilidad que modifica la estrategia. No solo importa el control tensional o lipídico, sino también la optimización del estado de folato y cofactores implicados en metilación. Evaluar este eje permite contextualizar alteraciones analíticas y ajustar la intervención nutricional con mayor intención preventiva.

En este contexto, plataformas como N-GENE han desarrollado un modelo orientado específicamente a profesionales de la salud. A partir de una única muestra de saliva y un genotipado de alta densidad procesado en laboratorio certificado, el profesional accede a una plataforma que permite explorar resultados, descargar informes e integrar la información en la práctica diaria

Uno de los elementos diferenciales en prevención es la naturaleza estable del dato genético. Una sola toma de muestra permite incorporar futuras actualizaciones científicas sin repetir el proceso, favoreciendo el seguimiento longitudinal y la evolución del programa preventivo