Dra. Karla Itzel Gutierrez Riveroll
Comprendiendo el Dolor Oncológico Infantil
Cuando aliviar el sufrimiento es también parte del tratamiento

El dolor que no debe normalizarse
Hablar de dolor en oncología pediátrica es hablar de una experiencia que va mucho más allá de lo físico. Para la Dra. Karla Itzel Gutiérrez Riveroll, el dolor oncológico no es simplemente un síntoma más: es un recordatorio constante de la lucha que atraviesa el niño y su familia.
“El dolor crónico puede aparecer por distintas causas y suele ser más estable y manejable. El dolor oncológico, en cambio, está directamente ligado al cáncer y sus tratamientos; cambia con el avance de la enfermedad y se vive con una carga emocional mucho más fuerte”.
A diferencia de otros tipos de dolor, aquí el componente emocional es inseparable. No solo duele el cuerpo: duele la incertidumbre, el miedo, la batalla diaria. Por eso, el compromiso clínico no se limita a prescribir medicamentos. Se trata de acompañar con un enfoque humano, integral y digno.

El tercer síntoma más común en cáncer pediátrico
Después del cansancio y la pérdida de apetito, el dolor es el tercer síntoma más frecuente en pacientes oncológicos.
El tumor puede presionar nervios, órganos o huesos. La cirugía, la quimioterapia y la radioterapia también pueden generar dolor. Y a diferencia de otros dolores crónicos, este evoluciona con la enfermedad.
Reconocerlo y tratarlo de forma integral no es opcional. Es esencial para devolver calidad de vida y esperanza.

Prevalencia e impacto: cifras que no podemos ignorar
A nivel global, entre el 50 y el 70% de los niños con cáncer experimentan dolor en algún momento del tratamiento. En América Latina, las cifras son similares, aunque muchas veces el dolor sigue siendo poco reconocido y tratado.
Por edades:
- 3 a 6 años: 25–40% presentan dolor moderado a severo durante hospitalización.
- 7 a 12 años: la prevalencia aumenta a 50–60%.
- 13 a 17 años: puede alcanzar 60–70%, especialmente en etapas avanzadas.
Estos números nos recuerdan algo fundamental: el dolor no debe normalizarse. Siempre puede y debe tratarse.

Cuando el dolor no se trata
El impacto va más allá del cuerpo.
- El niño deja de jugar.
- Duerme mal.
- Se aísla.
- Siente miedo y ansiedad constante.
En el plano médico, el dolor no controlado dificulta los tratamientos, reduce energía y puede retrasar la recuperación.
Aquí es donde entra la algología intervencionista pediátrica, una subespecialidad que ofrece alternativas cuando el tratamiento farmacológico ya no es suficiente.
Siempre hay alternativas.

Manejo clínico: más herramientas, más esperanza
El abordaje actual es integral y personalizado.
Incluye:
- Uso escalonado de analgésicos, desde medicamentos simples hasta opioides cuando es necesario.
- Técnicas intervencionistas como bloqueos nerviosos e infusiones regionales.
- Bombas intratecales implantables de morfina en casos específicos.
- Acompañamiento psicológico.
- Rehabilitación física.
- Terapias complementarias como musicoterapia o relajación guiada.
En el Hospital ABC, el equipo especializado realiza incluso intervenciones preventivas durante cirugías. Con fluoroscopia, ultrasonido o tomografía, se guían procedimientos que disminuyen el riesgo de dolor crónico.
En algunos casos se realizan ablaciones de plexos simpáticos para “dormir” la sensibilidad tumoral antes de la cirugía, reduciendo la posibilidad de dolor resistente posterior.
Las bombas intratecales implantables —indicadas en niños mayores de 20 kg y con expectativa de vida mayor a dos años— pueden tener una vida media de hasta nueve años, ofreciendo una alternativa segura en diagnósticos de larga sobrevida.
Atención integrativa: cuando la ciencia y la humanidad se encuentran
El dolor no se trata únicamente con medicamentos.
Mindfulness, movimiento consciente y entornos de bienestar ayudan a disminuir ansiedad y recuperar sensación de control.
“Podemos ayudar a reprogramar ese cerebro infantil que ha recibido múltiples estímulos dolorosos”.
Estas estrategias no sustituyen la ciencia. La fortalecen. Permiten que los medicamentos funcionen mejor y que el proceso sea más llevadero.
Son un puente entre la medicina y la humanidad.

El papel responsable de los espacios wellness
Los centros de bienestar pueden colaborar de manera ética cuando trabajan coordinados con equipos oncológicos.
En entornos seguros y supervisados, prácticas como respiración consciente, relajación o actividades en espacios tranquilos pueden mejorar sueño, disminuir ansiedad y ofrecer un respiro emocional.
Siempre bajo supervisión médica.
Derribando mitos
Existen ideas erróneas que siguen perjudicando a los pacientes:
- “El dolor es inevitable.”
- “Los niños deben aguantarlo.”
- “Los opioides generan adicción siempre.”
- “Hablar del dolor distrae del tratamiento.”
Nada de esto es cierto.
Cuando los opioides se usan adecuadamente y con supervisión, son seguros y fundamentales. Además, el manejo del dolor no se limita a iniciar medicamentos. En algunos casos es preventivo recurrir a técnicas intervencionistas para evitar dolor crónico severo y disminuir consumo de opioides.
El dolor nunca debe normalizarse.
¿Por qué aún existe tratamiento insuficiente?
Las razones incluyen:
- Subestimación del dolor infantil.
- Miedo a usar opioides.
- Falta de acceso a especialistas en algología pediátrica.
- Desconocimiento de técnicas avanzadas.
El manejo debe ser integral, escalonado y, cuando sea necesario, intervencionista.
Mirada al futuro
La investigación avanza en:
- Nuevas formas de medir el dolor infantil considerando impacto emocional y funcional.
- Técnicas intervencionistas más precisas y seguras.
- Bombas intratecales inteligentes que ajustan dosis automáticamente.
- Terapias complementarias basadas en evidencia que ayudan a disminuir ansiedad y mejorar calidad de vida.
El futuro del manejo del dolor oncológico infantil es más humano, más tecnológico y más preciso.

Mes Mundial del Cáncer: un mensaje claro
“Ningún niño debe vivir con dolor evitable”.
Aliviar el sufrimiento es una responsabilidad compartida entre médicos, familias y sociedad.
Para los padres: el dolor no se normaliza.
Para los profesionales: usar todas las herramientas disponibles.
Para los niños: la promesa de que su infancia merece dignidad, alegría y menos sufrimiento.

