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La huella silenciosa del tiempo compartido: cómo la propiedad vacacional sostiene al turismo en México
Un nuevo estudio de AMDETUR y la Red Anáhuac revela el peso real de la propiedad vacacional en el PIB, el empleo, las divisas y el desarrollo turístico del país.

La propiedad vacacional en México, principalmente en formato de tiempo compartido, suele asociarse con playas, ventas agresivas o esquemas de membresía. Sin embargo, detrás de esa imagen existe una industria compleja que se ha convertido en una verdadera columna vertebral del turismo nacional.
El estudio “La Huella de la Propiedad Vacacional en México”, elaborado por el Sustainable Tourism Advanced Research Center (STARC) de la Universidad Anáhuac Cancún en colaboración con AMDETUR y firmado por Francisco Madrid Flores y Gloria Godínez Guerrero, pone por primera vez en cifras el impacto económico y social de este sector.

Un motor clave dentro de un gigante turístico
México es ya uno de los líderes mundiales en alojamiento turístico, con cerca de un millón de cuartos de hotel y una actividad que aporta alrededor de 8.6% del PIB nacional, genera millones de empleos y recibe más de 30 millones de visitantes internacionales al año.
Dentro de este ecosistema, la propiedad vacacional funge como un eslabón estratégico: reduce la estacionalidad, asegura ocupaciones recurrentes, favorece la inversión de largo plazo y ancla el desarrollo de destinos como Cancún, Riviera Maya, Los Cabos, Vallarta–Riviera Nayarit y otros polos maduros y emergentes.

Lo que aportan realmente los tiempos compartidos
El estudio estima que, en 2024, la propiedad vacacional en México generó un valor bruto de producción cercano a 8.4 mil millones de dólares, con un PIB sectorial de alrededor de 5.1 mil millones de dólares y un consumo intermedio de 2.8 mil millones de dólares. Eso equivale, aproximadamente, a 3.5% del PIB turístico nacional, una participación nada menor para una sola modalidad de alojamiento.
En materia de divisas, la industria de la propiedad vacacional captó 6.3 mil millones de dólares, cerca de una cuarta parte de las divisas turísticas que ingresan al país. A ello se suma una contribución fiscal estimada en 6.2 mil millones de pesos por IVA e ISH asociados al uso de las propiedades y las membresías.

Una red de habitaciones, destinos y empleos
De acuerdo con los datos recopilados, en México operan más de 150 desarrollos con algún esquema de propiedad vacacional, que suman más de 130 mil habitaciones. El 90% de esta oferta se concentra en cuatro destinos líderes, lo que refleja su rol como plataforma de inversión y empleo en regiones donde el turismo es la principal vía de desarrollo local.
Esta industria no solo beneficia a los complejos turísticos: genera cadenas de valor con proveedores locales, impulsa la construcción, el transporte, el retail y los servicios complementarios, y sostiene miles de empleos directos e indirectos.

Retos y oportunidades hacia el futuro
El informe también subraya la necesidad de seguir profesionalizando al sector, fortalecer su vínculo con las comunidades anfitrionas y alinear sus modelos de desarrollo con criterios de sostenibilidad ambiental y social.
Ante un viajero cada vez más consciente, que valora el bienestar, la autenticidad y el impacto positivo, la propiedad vacacional tiene la oportunidad de evolucionar desde un modelo centrado en la ocupación a uno que genere valor compartido: experiencias más humanas para los huéspedes y mejores condiciones de vida para quienes habitan los destinos.
“La Huella de la Propiedad Vacacional en México” no solo cuantifica una industria; revela un componente estratégico del turismo nacional que, bien gestionado, puede seguir siendo un poderoso aliado para el desarrollo económico, la inclusión social y la construcción de destinos más resilientes.