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El arte abre caminos; la terapia acompaña
La escritora Corina Espinosa —que vive con trastorno bipolar tipo II— y la psicóloga clínica Alejandra González Tello conversan sobre creatividad, salud mental y la delgada línea entre expresar las emociones y tratarlas.

Una vive la creatividad desde dentro —escribe novelas, emprende y habla sin rodeos de su salud mental—; la otra la observa desde la consulta, con más de veinte años acompañando procesos clínicos. GoWellMag reunió estas dos miradas en un mismo diálogo para responder una pregunta que hoy se cuela en redes, consultorios y sobremesas: ¿puede el arte ayudarnos a sanar? La respuesta, a dos voces, coincide en lo esencial y matiza todo lo demás.
I Cuando las palabras no alcanzan
Corina | Descubrí que la escritura era mucho más que una forma de crear historias cuando entendí que mis personajes también reflejaban partes de mí. Al conocer sus vidas, sus conflictos y sus emociones, pude comprender mejor mi propia historia. A través de ellos encontré una manera de expresar lo que sentía desde un lugar más consciente, profundo y espiritual. Escribir me permitió ordenar pensamientos, dar sentido a experiencias complejas y transformar vivencias personales en historias con propósito. Con el tiempo comprendí que la creatividad no solo es una forma de expresión, sino también una herramienta de autoconocimiento.
Alejandra | Lo veo cada semana en consulta. Después de más de veinte años, he aprendido que muchas personas no encuentran de inmediato las palabras para expresar lo que sienten: encuentran un símbolo, un color, una creación. La terapia de arte utiliza el proceso creativo como herramienta terapéutica. Desde un enfoque cognitivo-conductual no interpretamos la obra de manera aislada; observamos cómo la persona expresa emociones, pensamientos y conductas para favorecer cambios adaptativos. Y las neurociencias lo respaldan: las actividades artísticas estimulan redes relacionadas con la regulación emocional, la atención, la memoria y la creatividad, y promueven la atención plena, ayudándonos a salir de la rumiación y a permanecer en el presente.

II Romper el silencio
Corina | Mi mayor motivación al compartir que vivo con trastorno bipolar tipo II es contribuir a que más personas identifiquen señales a tiempo y busquen ayuda profesional. Un diagnóstico oportuno y un tratamiento adecuado pueden cambiar significativamente la calidad de vida. También me interesa normalizar la conversación sobre salud mental y disminuir los estigmas que aún existen. Me gustaría que quienes viven situaciones similares sepan que no están solos y que, con acompañamiento profesional, es posible construir una vida plena, estable y con proyectos significativos.
Alejandra | Ese es exactamente el camino: hablar de salud mental con naturalidad, impulsar la prevención, la educación emocional y el acceso oportuno a tratamientos basados en evidencia. Pedir ayuda debe entenderse como un acto de responsabilidad y de fortaleza, no de debilidad.
Pero abrir la conversación también tiene riesgos, sobre todo cuando ocurre en una pantalla.
Alejandra | El riesgo es simplificar problemas complejos. Un video breve no sustituye una evaluación clínica. Debemos promover información basada en evidencia y evitar las promesas de soluciones rápidas o a personas que no tienen la formación para atender una condición mental.
III Lo que el arte sí puede (y lo que no)
Corina | Para mí es muy importante comprender que son cosas distintas. La creatividad es una herramienta complementaria que aporta bienestar, pero nunca sustituye la atención médica o psicológica. El acompañamiento profesional ha sido fundamental para llevar una vida estable, plena y feliz. Confío profundamente en la medicina y en los especialistas que me han acompañado, y he sido testigo de los avances que hoy existen en el cuidado de la salud mental. Siempre recomendaré buscar ayuda profesional cuando sea necesaria.
Alejandra | El arte no sustituye un proceso psicoterapéutico ni un tratamiento psicofarmacológico cuando está indicado. Es una herramienta complementaria. He visto pacientes que no podían hablar de un duelo y comenzaron a elaborarlo escribiendo una carta o representándolo en un collage. El arte abre caminos y da orientación; el tratamiento psicológico es el que estructura y acompaña la recuperación.
Por eso conviene desmontar dos mitos: no hace falta tener talento artístico, y ninguna actividad artística reemplaza la terapia. La finalidad no es hacer una obra perfecta, sino favorecer el autoconocimiento, la regulación emocional y el bienestar.

IV Cómo sana, en concreto
¿Y qué ocurre, exactamente, cuando alguien escribe, pinta o toca música?
Alejandra | Cada lenguaje hace algo distinto. La escritura organiza pensamientos y estimula redes neuronales; la pintura facilita expresar emociones; la música ayuda a regular el sistema nervioso; otras actividades desarrollan concentración, creatividad y flexibilidad cognitiva. Recomiendo mucho los diarios: al desarrollar el pensamiento por escrito podemos identificar fallas en la percepción; es una forma de ir comprendiendo lo que pienso y siento. Una paciente con ansiedad empezó un diario ilustrado que le permitió reconocer sus pensamientos antes de una crisis.
Corina | En mi caso, el arte me permitió transformar ideas en proyectos concretos, pero aprendí que los sueños requieren disciplina, constancia y resiliencia. La creatividad ha sido un complemento valioso dentro de una visión integral del bienestar, y ha sido posible gracias al apoyo de mi familia y al acompañamiento de los profesionales de la salud.
Alejandra | Con el tiempo observo que los pacientes identifican mejor sus emociones, bajan la autoexigencia, sustituyen conductas evitativas por espacios de creación y desarrollan tolerancia a la frustración. Me preocupa, eso sí, que tecnologías como la inteligencia artificial nos lleven a dejar de estimular ciertos circuitos neuronales; a largo plazo puede impactar la cognición. Vale la pena no abandonar lo que hacíamos hace años: escribir a mano, buscar una ruta sin app, dibujar, llevar un diario.
V Disciplina: el bienestar de todos los días
Si algo desmiente la idea del artista inspirado y caótico, es la palabra que ambas repiten: constancia.
Corina | La creatividad sigue siendo esencial en mi vida, pero hoy la acompaño de una palabra igual de importante: disciplina. Estoy en una etapa en la que quiero materializar todo lo aprendido, transformar las ideas en acciones concretas. Y procuro hábitos que me den equilibrio: hacer ejercicio, meditar, alimentarme bien, reservar tiempo para el arte y la lectura, y valorar el tiempo con mi familia y el descanso. El bienestar se construye con muchas acciones sencillas hechas con constancia.
Alejandra | Coincido, y añadiría: no busquen hacerlo perfecto ni compararse. Escribir, bordar, cocinar, bailar, tomar fotografías o pintar pueden convertirse en espacios de atención plena. No a todo el mundo le gusta pintar o escribir, y está bien: hay muchas formas de expresión. Lo ideal es sentirse cómodo y entrar en contacto con el presente. La creatividad no exige talento; exige permitirse explorar y, sobre todo, sentir.

VI Un lugar seguro para sentir
Vivimos escondiendo emociones por miedo al juicio. ¿Qué decirle a quien busca, simplemente, un lugar donde expresarse?
Corina | Que expresar las emociones es un acto de fortaleza y de cuidado personal. No hace falta compartirlo todo con todos, pero sí encontrar espacios seguros: con familia, amigos o profesionales de la salud mental. La terapia puede volverse un lugar de confianza, conocimiento y guía, y eso marca una gran diferencia. Buscar apoyo no es debilidad; es una forma de construir bienestar.
Alejandra | Como clínica lo pondría así: si la actividad creativa genera bienestar y funciona como autocuidado, es un excelente hábito; en edades tempranas ayuda incluso a autorregular y a expresar emociones. Pero si el malestar afecta el apetito, el sueño, el trabajo, las relaciones o la funcionalidad, es momento de acudir con un profesional. La terapia de arte acompaña el tratamiento; no sustituye la psicoterapia ni la valoración psiquiátrica cuando se requieren.

VII Propósito y raíces
Al final, las dos vuelven al mismo lugar: la creatividad como forma de pertenecer y de dar sentido.
Corina | Desde niña me apasiona comprender la vida desde distintas perspectivas —la teología, la filosofía, la meditación y, por supuesto, el arte—. Entendí que podía integrarlas en proyectos con propósito: historias, iniciativas y productos que invitan a reflexionar y conectan desde un lugar auténtico. Así nace también Bloody Chon, mi proyecto de calzones menstruales reutilizables: porque el bienestar femenino también implica hablar con naturalidad de lo cotidiano y crear herramientas que mejoren la vida de las mujeres. Creo que las experiencias personales pueden convertirse en algo positivo que aporte valor a los demás.
Alejandra | Y hay una raíz cultural en todo esto. La creatividad nace desde una posición cultural protectora: todas las culturas han encontrado formas de expresar emociones —la música, la danza, la pintura, el tejido, la escritura—. Esa diversidad fortalece la identidad, el sentido de pertenencia y el bienestar. Incluso viajar amplía la inspiración: llegar a un lugar distinto, probar un platillo nuevo, caminar por calles desconocidas. En México tenemos infinidad de esos escenarios.

¿Qué es vivir con bienestar?
Les pedimos, para cerrar, una misma definición.
Corina | Encontrar equilibrio entre la mente, el cuerpo y el espíritu; aprender a conocerte, aceptar quién eres y construir una vida con propósito, creatividad y amor propio.
Alejandra | Para mí, vivir con bienestar no significa no sentir dolor; significa desarrollar recursos emocionales para afrontar la vida con equilibrio, mantenernos presentes y cuidar la salud mental con la misma responsabilidad con que cuidamos el cuerpo. La terapia de arte es una herramienta con respaldo científico que complementa —nunca sustituye— los tratamientos psicológicos y médicos. Integrada en un plan terapéutico, favorece la expresión emocional, la regulación afectiva y el desarrollo de recursos personales para una recuperación más integral.

